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La Orden de inclusión de todas las poblaciones de lobo ibérico en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE) coloca a varias comunidades autónomas, ayuntamientos, asociaciones conservacionistas y sindicatos agrarios en contra del Ejecutivo central
La Orden TED/980/2021, de 20 de septiembre (BOE n.º 226, de 21 de septiembre), del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, por la que se modifica el Anexo del Real Decreto 139/2011, de 4 de febrero, para el desarrollo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y del Catálogo Español de Especies Amenazadas, equipara por primera vez en nuestro país el nivel de protección de las poblaciones de lobo situadas al norte del río Duero, con las poblaciones situadas al sur de éste.
La medida no está exenta de polémica, dado que la realidad ecológica, normativa y social es bien diferente en el tercio norte y en el resto del país: los territorios situados al norte del río Duero concentran aproximadamente el 95 % de los ejemplares de lobo existentes en España, y han experimentado en los últimos cuarenta años una progresiva recuperación de la especie, especialmente acentuada en los últimos veinte, como consecuencia de un buen número de factores, entre los que cabe destacar la lucha contra el furtivismo, las indemnizaciones por daños, así como una mayor concienciación ecológica, sobre todo en el medio rural.
En el caso de Asturias, la aprobación de los sucesivos Planes de Gestión del Lobo ha supuesto un éxito. Mediante un estudio pormenorizado del número, tamaño, distribución y fisonomía de las distintas manadas presentes en el territorio, así como sus posibilidades de interacción con las especies de herbívoros que constituyen la dieta del lobo, se han arbitrado medidas de control poblacional tasado, sin que la especie tenga la consideración de "cinegética", sino estableciendo unos cupos de extracción regulados, verificados por la Guardería del Medio Natural, en aquellas zonas donde se constate la presencia del cánido y que no reúnan las características adecuadas para su conservación a largo plazo, bien sea por las peculiaridades del entorno, por la excesiva antropización, o por la alta densidad de ganado doméstico. Con ello, se ha conseguido duplicar el número de ejemplares en la región a lo largo del periodo 2000-2020.
Desde el Gobierno del Principado, así como varios ayuntamientos y, por supuesto, por parte de los ganaderos de la región, se critica abiertamente la Orden, pues puede poner en peligro el statu quo actual, dando al traste con la buena gestión de los últimos años:
Caballos asturcones. © Turismo Asturias
-En primer lugar, en Asturias existen varias especies animales en peligro de extinción que son presas habituales del lobo. Hablamos del caballo Asturcón, la vaca Asturiana de la Montaña o Casina, la cabra Bermeya, la oveja Xalda y el Gochu Asturcelta. Todas éstas son especies únicas en el mundo, endémicas del Principado, que se están tratando de recuperar desde hace varios años, y todas tienen en común un bajo nivel de aprovechamiento económico derivado de los métodos tradicionales de cría y su alto grado de pureza genética, viviendo en régimen de libertad (ganadería extensiva ecológica). Si se impide a la Administración autonómica mantener las medidas de control poblacional previstas en sus planes de gestión, existe un riesgo muy importante de que, en el corto plazo, el número de ejemplares de lobo se incremente de forma drástica, con el consiguiente aumento del número de ataques a estas otras especies protegidas.
-Por otro lado, también se multiplicarán los ataques a otras especies en peligro de extinción que son habitualmente depredadas por el lobo.
-Además, las muertes de animales domésticos, sobre todo el ganado bovino, equino y ovino, se verán muy incrementadas, lo que redundará en un mayor rechazo hacia el lobo y una fatiga excesiva en las arcas autonómicas, que no darán abasto a indemnizar todos los daños producidos.
-Por otra parte, el lobo actúa como vector de varias enfermedades que afectan también al ganado doméstico. Su excesiva proliferación y contacto con el ganado en régimen de extensitva acarreará situaciones peligrosas desde el punto de vista sanitario.
Todo lo anterior sin tener en cuenta, además, que el cambio de estatus se ha realizado sin escuchar a las Comunidades Autónomas afectadas y sin seguir el procedimiento legalmente previsto, lo que debería acarrear la nulidad de la Orden.
El problema es: aunque la Orden se anule en un par de años, ¿qué sucede con todos los efectos negativos, tanto para el medio ambiente como para la economía, que se están produciendo ya mismo?
La práctica totalidad de las partes que han recurrido la Orden ante la Audiencia Nacional han solicitado la medida cautelar de suspensión. Por parte del tribunal, hasta el momento la respuesta ha sido denegatoria, por considerar que se podría causar un daño mayor al medio ambiente si se suspendiese la Orden que no manteniendo su vigencia.
La no suspensión de la vigencia de la Orden parece una solución arriesgada. El lobo ya estaba protegido al sur del río Duero con carácter previo; y es allí donde necesita una especial protección. Al norte, en cambio, estamos hablando de una especie que no se encuentra en peligro de extinción, y que viene experimentando una franca recuperación en los últimos años, sin necesidad de verse incluido en el LESPRE. Por lo tanto, si los planes de gestión están funcionando en las comunidades del norte, ¿por qué se cree que la situación del cánido va a mejorar si los dejamos inservibles?
¿Realmente puede el Ejecutivo central ser tan ingenuo como para creer que se va a avanzar en el sentimiento ecológico y en la protección de la especie si permitimos acentuar sus efectos negativos, tanto en el resto del medio como en sus relaciones con el hombre?
La realidad es que, una vez más, y al margen de las consideraciones anteriores, la aprobación de la Orden no se ha debido a ningún criterio científico, sino a un compromiso político, exigido por uno de los socios del actual Gobierno para permitirle seguir dirigiendo los designios del país. Al final, esperemos que no paguen los lobos por todo ello, ni tampoco los asturcones, las xaldas o las bermeyas... El debate está servido.